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CLARIN: Alfonsín se está quedando con la candidatura de la oposición
RICARDO KIRSCHBAUM: EDITOR GENERAL DE CLARIN
Los alfonsinistas están exultantes porque descuentan que su candidato, Ricardo Alfonsín, puede ser el único que enfrente a Cristina Kirchner en las elecciones presidenciales de octubre. Su optimismo se basa en la decantación de otros potenciales rivales. Comenzando por Mauricio Macri, atenazado por la duda de apostar a disputar la Presidencia o intentar repetir en la Ciudad. Cruzado por las presiones en uno u otro sentido, el jefe de Gobierno deja señales contradictorias . Guarda bajo siete llaves su preferencia entre Gabriela Michetti y Rodríguez Larreta. Ese secreto, sin embargo, esconde sus propias dudas entre asumir un papel protagónico u otro de reparto. En el primer caso, tiene hoy escasas certezas de un resultado favorable; en el segundo, aún triunfando, le esperan otros cuatros años con un Gobierno nacional hostil a su gestión porteña . El papelón del Peronismo Federal, donde el oficialismo ha intervenido directamente e incentivado a candidatos, ha golpeado a Duhalde , principal aliado de Macri. Y De Narváez, cansado de esperar, tiene otros planes.
Solanas ha enderezado su futuro hacia la Ciudad . Esa decisión despeja otra incógnita porque si Binner finalmente encabeza una fórmula de centroizquierda la fuerza que siga al socialista sólo quiere sembrar para el futuro. El gobernador santafesino juega mucho en su interna partidaria: ese resultado influenciará en sus planes. Y Lilita Carrió, que mantiene su candidatura, tiene conciencia que deberá con realismo, más temprano que tarde, establecer alianzas explícitas o tácitas. La política, ya se sabe, no es una ciencia exacta. Por lo tanto, hay imponderables que súbitamente pueden poner la escena nacional patas para arriba.
Ricardo Alfonsín, en este panorama, se va quedando solo. Ha construido una imagen heredada de su padre : sus gestos, la inflexión de voz, sus apelaciones a la institucionalidad. Esa nostalgia, en una época en que los argentinos están empeñados a revivir un tiempo pasado, conmociona. Pero la política se construyecon algo más que la emoción . Y ha comenzado a darse cuenta que para intentar ganar hay que construir mayorías. La negociación con Francisco De Narváez, un postulante con votos en la provincia de Buenos Aires, habla por sí misma de las necesidades de Alfonsín. Se cuestiona la heterodoxia de ese posible acuerdo, aún desde el oficialismo donde convive la ultraizquierda con la ultraderecha peronista , para abortarlo. La cuenta es simple: con De Narváez y Macri en la Ciudad, hay una franja electoral que queda sin candidatos. Alfonsín puede recibir ese caudal.
Hasta ahora, para distinguirse de Ernesto Sanz que sigue trabajando para un acuerdo mucho más amplio, Alfonsín intentó seducir a la centroizquierda , franja muy ocupada. ¿Por qué alguien cambiaría para votar a Alfonsín? La pregunta no tiene una respuesta nítida hasta ahora. Se presume que al convertirse en el casi único desafiante de Cristina, Alfonsín deberá plantear una estrategia más amplia si es que quiere, de verdad, disputar en serio la elección de octubre.
El cerco de los K se cierra sobre Scioli
Colectoras a granel, imposición de candidatos, nuevas figuras lanzadas en Buenos Aires con el aval de Cristina. Esas jugadas políticas amenazan al gobernador bonaerense. El mandatario no deja de soñar con un paso al costado de la Presidenta. Las tensiones oficiales aumentan.
Por EDUARDO VAN DER KOOY
Daniel Scioli vive atormentado entre una esperanza remota y el castigo cotidiano. ¿Qué esperanza? Que Cristina Fernández termine por no aceptar la reelección y abra la sucesión en el peronismo. ¿Qué castigo? La forma en que el kirchnerismo le dinamita el territorio electoral para ponerle en riesgo, incluso, la posibilidad de su segundo mandato en Buenos Aires.
El gobernador anota cada referencia de Cristina que siembra dudas sobre su continuidad. Han sido recurrentes las últimas semanas. El miércoles advirtió en un acto en el Luna Park que “no hay hombres ni mujeres imprescindibles. Sólo inolvidables” . Esas palabras que ilusionan a Scioli podrían tener otra traducción bajo un cristal sin utopía: la Presidenta estaría en el último tramo de seducción de la clase media antes de zambullirse en la campaña; la idea de la no perpetuación constituiría una melodía adecuada para los oídos habitualmente esquivos de aquellos sectores.
Los dichos de Cristina que ilusionan a Scioli se contraponen con el mapa político que la dama va dibujando en Buenos Aires. La Presidenta mantuvo en secreto la decisión sobre las colectoras hasta que firmó el decreto convirtiendo a la reforma política, impulsada en su tiempo por Néstor Kirchner, en un verdadero carnaval . La elección nacional batirá el récord de colectoras. El supuesto espíritu de orden y transparencia política e institucional de aquella reforma ha vuelto a rifarse . El mutismo presidencial desnudó los intereses encontrados que cohabitan en el universo K. Julio De Vido le había dicho a un grupo de intendentes bonaerenses que no temieran por las colectoras. El secretario Legal y Técnico, Carlos Zanini, fue quien terminó de concederles a aquellas el molde jurídico. Zanini, a esta altura del ciclo kirchnerista, sabe y pesa mucho más que el ministro de Planificación.
Las colectoras, que el oficialismo ha rebautizado como “listas de adhesión”, fortalecieron la pretensión de Martín Sabbatella. El diputado de Nuevo Encuentro aspira a respaldar a Cristina sin tener que hacerlo, al mismo tiempo, con el peronismo. Lo logró. Su segunda batalla también parece bien encaminada: adherirá a la Presidenta, pero podría llevar sus propias listas de legisladores diferenciadas de las del PJ.
Esa batalla está aún en desarrollo. Scioli y el PJ bonaerense no ponen reparos a la adhesión de Sabbatella a Cristina. Pero exigirían al diputado K, también aspirante a gobernador, que acepte a los restantes candidatos peronistas. Sabbatella ya ha dicho que no y recibió para su estrategia un par de estimables espaldarazos . Los de la ministra de Seguridad, Nilda Garré, presente en un acto en Morón, y de intelectuales y dirigentes kirchneristas que suelen merodear las vecindades de la Presidenta. Scioli manifiesta una enorme capacidad de negación . Hace como si todos esos movimientos no existieran. Se deja llevar por la corriente, seguro de que ese curso desembocaría en un remanso y nunca en un despeñadero. Pero su realidad parece acotarse un poco todos los días. Esa limitación no la detiene siquiera su intención de establecer diferencias con los K en materia de política de seguridad . Así se leyó su idea repentina de volcar más policías en las calles bonaerenses.
Nadie conoce si el gobernador, en su intimidad, no se estará formulando ciertos interrogantes. ¿Cómo haría Cristina para declinar la reelección y garantizar, con tan escaso tiempo, una sucesión ordenada? ¿Qué podría llevar a suponer, en ese caso, que el heredero elegido podría ser Scioli? El gobernador, es cierto, conserva todavía buena imagen pública: pero el kirchnerismo duro que, inconfundiblemente comanda Cristina, lo lija de manera permanente. La propia Presidenta dio una estocada al gobernador la semana que pasó. Lanzó al firmamento electoral peronista al ministro de Agricultura, Julián Domínguez, en un acto en el que estuvo Scioli pero a sus espaldas, también, un sonriente y distendido Sabbatella. Esa irrupción de Domínguez podría merecer un sinfín de significados.
El primero: el pragmatismo peronista con que, más allá de sus proclamas ideológicas, se suele manejar Cristina. Dominguez es un dirigente de Buenos Aires (Chacabuco), con llegada en su juventud a los sectores conservadores de la Iglesia, que hizo carrera alrededor de Eduardo Duhalde. Fue jefe de campaña de Chiche, junto a Juan José Alvarez, cuando la esposa del ex presidente enfrentó a Cristina en las legislativas del 2005. Ese año se quebró la alianza kirchnerista-duhaldista que llegó al poder en el 2003. Domínguez y Alvarez están atornillados ahora al proyecto presidencial. Aquel pragmatismo establece una diferencia histórica y sustancial del peronismo y sus vertientes con el resto del arco político. Ni Domínguez ni Alvarez serían, al fin, los casos más emblemáticos. El kirchnerismo ha transado con Carlos Menem, Ramón Saadi, Alberto Kohan, José Luis Manzano y Roberto Dromi, entre tantos. La oposición se desangra, en cambio, con la intransigencia de Ricardo Alfonsín, de Elisa Carrió o de Pino Solanas para establecer acuerdos.
Domínguez podría representar además una nueva y solapada imposición de Cristina sobre Scioli . ¿Qué imposición? La de ubicarlo como candidato a vicegobernador cavilando su proyección para el 2015. El gobernador de Buenos Aires está atrapado entre esa novedad y la presión de Hugo Moyano para colocar un hombre suyo en ese mismo cargo y varios en la nómina de diputados. La onda expansiva del ministro de Agricultura podría rozar también otras playas. ¿No sueña Florencio Randazzo, el ministro del Interior, con un pronto encumbramiento en Buenos Aires? ¿No soñaría algo parecido Sergio Massa, el intendente de Tigre? Hasta Aníbal Fernández conservaría alguna fantasía, aunque el jefe de Gabinete quedó convertido en ruina política desde que murió Kirchner y quedó Cristina. Domínguez tuvo su premio por haberle tendido un puente valioso a la Presidenta: el que pareciera permitirle una módica recomposición con el campo , el sector que supo infligirle la mayor derrota política a los Kirchner. Aquella recomposición, a través de núcleos de pequeños productores, no significaría que el nudo del conflicto haya sido superado. Pero la excelente producción del sector y cierto cambio de tono de Cristina –no refiere más a la oligarquía, como lo hizo durante la pelea– ayudan a distender, sin dudas, el clima.
Hay elementos que permitirían comprobarlo. Agustín Rossi, el jefe de los diputados kirchneristas, afinca su candidatura a gobernador de Santa Fe en la chance de triunfar en las internas, apuntalado por 16 intendentes del PJ sobre 30 que administran ciudades en esa provincia. Varios de ellos están enclavados en zonas agrícolas. Esa ingeniería hubiera resultado imposible poco tiempo atrás .
La remontada que se propondría Cristina, pese a todo, seguiría teniendo dimensiones homéricas. La Presidenta perdió en el 2009 casi el 12% de los 8 millones y medio de votos que obtuvo en el 2007 junto a Julio Cobos. Aquel porcentaje remite sólo a ciudades o poblaciones rurales donde el conflicto alcanzó su punto de hervor. El apaciguamiento con el campo le permitió a Cristina virar su mira. Sus enemigos dilectos, además de los medios de comunicación, parecieran ser ahora las corporaciones empresarias. En el pleito que lidera con la siderúrgica Techint está el espíritu siempre latente de una mayor intervención del Estado pero, sobre todo, un objetivo político: el de encorsetar a la única empresa argentina de proyección transnacional. El kirchnerismo supone que ese poder económico sería un escollo para sus planes políticos. El Gobierno se pelea con empresas e ignora a la oposición, con la cual deberá competir en octubre. La pelea, a priori, acarrearía para el Gobierno menos costos sociales que los que tuvo con el campo. Ese sector penetra la pirámide social en forma vertical. Ese sector provocó una rebelión que puso por un lapso a los opositores en un sitial de privilegio. El efecto social multiplicador de la puja con empresas es mucho menor, aunque los atropellos resulten similares. La oposición, por otra parte, está muy lejos de lo que prometió ser cuando cosechó el rédito político del conflicto con el campo. La oposición padece una encerrona doble . La propia, producto de infinidad de motivos: el disloque del Peronismo Federal, las dudas eternas de Mauricio Macri, la notable incapacidad radical para no ver el otro lado de su medianera, el encapsulamiento de Carrió y la nueva diáspora en la izquierda de Solanas. Existe otra trampa que esa misma oposición, tal vez, no terminó de descubrir: el proceso electoral que diseñó el Gobierno, con plazos a su medida, y los sucesivos decretos con los cuales Cristina reglamenta la reforma política.
El de las colectoras no sería una excepción. En un doblez, también se establecieron las pautas de publicidad de la campaña que le dejaría a la oposición retazos. Por caso: una hora y media de publicidad diaria en medios audivisuales, pero sólo el 10% en los horarios de mayor audiencia. El poder no se colocó casi restricciones para distinguir la publicidad de campaña de los actos de gobierno. ¿Polémica, discusión? Nada de eso. Los días de la política argentina dejan como estela la sensación de que todo puede ser .
LA NACIÓN:
¿El final del modelo kirchnerista?
Por Joaquín Morales Solá
Como no comprender el ciego rechazo del kirchnerismo a Mario Vargas Llosa y, sobre todo, al itinerario de sus palabras en busca de la libertad? ¿Cómo, cuando vino a contradecir (sin quererlo, seguramente) los paradigmas de una verdad oficial cada vez más frágil? Ni la libertad para expresarse es compatible con un Estado que esconde más que lo que muestra ni las columnas del canonizado modelo están ya en pie. Es hora de preguntarse, incluso, si ese modelo no está agotado o si no se está aproximando peligrosamente al fin de cualquier circunstancia humana. Puede ser que Cristina Kirchner esté mejor que nunca en las encuestas (es lo que dicen todas las mediciones de opinión pública que se conocen), pero su gobierno está dejando atrás muchas de las políticas instauradas durante la administración de su marido. ¿Cambio deliberado de política? ¿O sólo la necesidad imperativa de explorar otros caminos antes de aceptar un fracaso?
En las entrelíneas de las palabras y los actos del oficialismo se esconde, a veces, la aceptación de una verdad distinta de la declamada. Por ejemplo, en el discurso del ministro de Educación de la Nación, Alberto Sileoni, en la inauguración formal de la Feria del Libro, se deslizó la vieja renuencia del peronismo a aceptar la convivencia pacífica entre la libertad y la justicia, como grandes conceptos que acompañaron el progreso de la humanidad. Sileoni confundió, más bien, la justicia con la libertad o, dicho de otro modo, consideró saldada la libertad en tanto exista la justicia social. En esa confusión no hay contradicción entre los dos Kirchner, aunque es cierto que el enredo se profundizó en los últimos meses de Cristina Kirchner. Esa supuesta incompatibilidad entre dos conceptos esenciales para las personas acompaña al peronismo desde que el peronismo existe. Otra aceptación implícita de realidades negadas fue la fijación del techo del aumento salarial de este año en un 24 por ciento. Fue la admisión sin palabras de que el Indec dice cualquier cosa menos la verdad. Si la inflación del año pasado fue del 10 por ciento, como difundió la agencia oficial de mediciones, ¿por qué se aceptan incrementos salariales que duplican o triplican el aumento de los precios? ¿Por qué ese techo se está convirtiendo en piso y ya hay sindicatos, como el de la alimentación, que reclaman un 40 por ciento de aumento salarial con la amenaza de próximas huelgas si no se los conceden? O la inflación real supera en más del doble a la que midió el Indec o la Argentina está ante el más grande proceso de redistribución de la riqueza bajo un régimen no revolucionario. La verdad es más simple. Sólo el jefe sindical Hugo Moyano tiene el derecho (y el poder) de tirar los informes del Indec al cesto de los papeles inútiles: Vamos a hablar de la inflación en serio , se arremangó cuando se sentó frente a los ministros. Los ministros aceptaron mansamente hablar en serio y el aumento de los camioneros se fijó en el 24 por ciento, mientras Guillermo Moreno multaba a los economistas, en otra oficina del Gobierno, porque habían dicho lo mismo que decía Moyano. El método conlleva -cómo no- una negación implícita de la libertad.
Néstor Kirchner solía decir que su victorioso modelo se asentaba en cinco columnas inmodificables: superávit fiscal, superávit de la balanza comercial, tipo de cambio competitivo, inflación baja y desendeudamiento. Ahora va quedando muy poco, o casi nada, de todo eso, pero el cambio no admite la palabra; no debe decirse ni aceptarse. La mejor prueba de que la economía está dando síntomas de alerta desde hace mucho tiempo es que durante el período de Cristina Kirchner se fugaron del país 60.000 millones de dólares, según una medición del economista Carlos Melconian. Ese monto supera a las reservas nacionales, que son ahora de unos 53.000 millones de dólares, apenas unos 3000 millones más, en cifras redondas, que los que Cristina heredó de su marido en 2007. La acumulación de las actuales reservas nacionales se hizo casi íntegramente durante el anterior mandato presidencial. El gobierno de Cristina Kirchner pasó del amplio superávit fiscal de Néstor Kirchner al déficit fiscal durante el año 2010. El déficit no aparece en las cuentas del Estado porque está disimulado por la transferencia de dinero del Banco Central y por los recursos que la Anses obtiene de las utilidades de los fondos que pertenecían a las viejas AFJP. Esto explica un fragmento, al menos, de la reciente vocación del Gobierno para meterse en las empresas que le pidieron préstamos al antiguo sistema privado de seguridad y ahora le deben al Estado kirchnerista. Más directores estatales no significarán más poder de decisión en las empresas, pero sí más poder de presión para que las utilidades no se deriven a la inversión, sino al financiamiento de un Estado deficitario. ¿Cómo explicar, si no, que el Gobierno haya rechazado la oferta de varias empresas de saldar en el acto sus viejos créditos? Ese es el objetivo, más allá de las provocaciones que formuló uno de los cofrades de La Cámpora, Axel Kicillof, que motivó el escándalo entre el Gobierno y la empresa Techint, adonde quiere recalar el joven kirchnerista. Kicillof propuso anticipadamente tantas y tan profundas modificaciones en Techint que sólo serían posibles si su desembarco sólo precediera a la expropiación lisa y llana del conglomerado empresarial más importante del país.
La Argentina tiene un problema serio con su balanza comercial, porque durante la gestión de Cristina Kirchner disminuyó mucho el flujo de las exportaciones con respecto de la gestión de su marido, según un estudio del economista Federico Sturzenegger. Según éste, el aumento anual de las exportaciones bajó de un 18 por ciento, en tiempos de Néstor Kirchner, a sólo un 7,5 por ciento ahora. Esa es la razón por la que Moreno se paró en la puerta de la Aduana y devolvió a sus países de origen muñecas Barbie, automóviles BMW, computadoras de última generación o los productos más avanzados de las comunicaciones personales. Nos estamos alejando dramáticamente del progreso tecnológico mundial , alertó un empresario de la computación. Debe agregarse que también la Argentina se está enfrentando con los países que más le compran, como Brasil, China y los europeos, que podrían poner en marcha mecanismos comerciales de represalia. No hubo un solo escrito que aclarara esos cambios; sólo Moreno da órdenes y contraórdenes en la Aduana.
El tipo de cambio, en valores constantes, se asemeja bastante a los tiempos del 1 a 1, aunque hay diferencias de valuación entre distintos economistas. Todos coinciden en que el dólar ya no es lo que era para los argentinos y que la apreciación de la moneda nacional se debe, sobre todo, a una inflación muy alta y creciente. La inflación anual podría triplicarse o cuadruplicarse este año con respecto al período que terminó en 2007. Sólo el desendeudamiento sigue siendo una bandera en pie. La deuda pública es inferior al 50 por ciento del PBI. Esa drástica disminución del peso de la deuda se debe, en parte, a que nadie le presta a la Argentina (sólo lo hacía Hugo Chávez hasta que empezó a cobrar intereses de usurero) y al importante aumento del PBI durante los años kirchneristas, aunque también este último promedio mermó considerablemente durante el gobierno de Cristina Kirchner. Es comprensible, entonces, que los gendarmes del kirchnerismo (la descripción pertenece al ex hombre fuerte del gobierno Alberto Fernández) hayan llegado a practicar hasta el macartismo para tapar las grietas del modelo. La arrogancia aduanera de Moreno, la presión sobre las empresas privadas y la censura explícita a los economistas bosquejan otro modelo, económico y político. Lo están construyendo a los tumbos, porque ni ellos saben hacia dónde van.
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Chisporroteos
Por Horacio Verbitsky
El rol de un Estado que no quiere ser el socio bobo garante de la rentabilidad empresarial está en el fondo del debate con Techint y Clarín. Desde la recuperación del sistema previsional, que fue un ruinoso negocio para el país, claman por los derechos de propiedad y la seguridad jurídica. Un conflicto de tres años que se aceleró con la muerte de Kirchner y la declaración de guerra de Techint, que exige una devaluación que vuelva a licuar el salario.
El chisporroteo entre el Estado y Techint es la manifestación pública de una disputa política que lleva tres años y se acentuó con la muerte de Néstor Kirchner. En noviembre, la transnacional italiana presionó al gobierno de la presidente CFK para que realizara una nueva devaluación, que hubiera implicado un brusco descenso en los ingresos populares, como ocurre en promedio cada siete años desde la dictadura militar, según el cálculo de Martín Redrado. Su principal accionista, Paolo Rocca, también cuestionó en noviembre la política del gobierno y su presunta pretensión de injerencia en las decisiones de inversión del holding.
De Mussolini al paraíso
El grupo fundado por el asesor siderúrgico de Benito Mussolini, el capitán de artillería Agostino Rocca, con capitales alemanes e italianos que fugaron de Europa luego de la Segunda Guerra Mundial, tiene sedes en Milán y en los paraísos fiscales de Luxemburgo y las Antillas Holandesas, para no pagar impuesto a las ganancias distribuidas. Desde allí controla un centenar de empresas en más de veinte países, que emplean a 40.000 trabajadores. En estas condiciones, es una proeza de relaciones públicas y propaganda haber instalado que se trata de un grupo nacional, líder de la industria argentina. El actual gobierno también realizó aportes a esa ficción, con discursos ingenuos ante la sonrisa satisfecha de los italianos. A mediados de 2008, la presidente CFK acompañó a Paolo Rocca en la inauguración de la universidad corporativa de Techint en Campana y arrojó flores retóricas sobre el grupo. Pero pocos meses después, el gobierno nacional recuperó la administración pública del sistema previsional. Su privatización en 1994 desfinanció al Estado, lo impulsó al endeudamiento con los mismos bancos que recibieron el negocio de las jubilaciones, consumió en gastos administrativos y comisiones una porción exorbitante de los aportes de los trabajadores y dejó al margen de cualquier protección a quienes no tuvieran un empleo que les permitiera soportar esas exacciones. Pero Techint y su principal socio político, el Grupo Clarín, impulsaron una declaración de la Asociación Empresaria AEA, según la cual al poner fin a esta situación escandalosa se afectaban la seguridad jurídica y el derecho de propiedad. En 2009, Techint comunicó la posibilidad de no pagar a su vencimiento obligaciones negociables por 22 millones de dólares de su Transportadora de Gas del Norte, lo que agitaría el fantasma de un nuevo default soberano de la Argentina, en un pésimo momento internacional. La insignificancia de la cifra para una transnacional revela la índole política de la jugada. El gobierno respondió con la designación de un veedor, quien detectó en el balance de 2008 recursos genuinos para hacer frente al compromiso y presentó una denuncia penal contra los responsables de una declaración irregular del default.
La plata de los jubilados
Tampoco aceptó la solicitud de Rocca de que la ANSES comprara la cuarta parte del paquete accionario de TGN, que estaba en manos del fondo inversor del Bank of America, Blue Ridge, alegando que no habría dinero estatal para socorrer a una empresa cuyos incumplimientos justificaban rescindir el contrato de concesión. Entre diciembre de 1996 y la eliminación del régimen de capitalización, en 2008, Siderar había colocado acciones a las AFJP por 2.680 millones de pesos, equivalentes al 25,97 del paquete accionario. Pero Rocca siempre se opuso a la designación de un director estatal por la minoría en representación de esas acciones, obtenidas por la ANSES al expropiarse las AFJP. En cambio ofreció nombrar por la mayoría al ex ministro Aldo Ferrer. La ANSES también había declinado una solicitud del Grupo Clarín para financiarle con fondos previsionales el soterramiento de los cables de sus operadoras Multicanal y Cablevisión, ya que no se trataba de una inversión reproductiva y generadora de empleo, sino apenas el acatamiento demorado a una ley de 2005. Ante esta negativa oficial, el Grupo Clarín consiguió fallos judiciales y omisiones legislativas que pospusieron hasta ahora el cumplimiento de la ley. En 2008, al desatarse la peor crisis global en un siglo, la familia Rocca anunció que debido a las condiciones de mercado suspendería la construcción de un nuevo alto horno de fundición de palanquilla y un tren de laminado continuo. En su anuncio a la Bolsa de Comercio dijo que continuaría la ampliación cuando se recuperara la demanda, local e internacional, y que había ordenado a los subcontratistas que suprimieran los puestos de trabajo correspondientes a ese proyecto. Eran 2.400 cesantías. El gobierno nacional, cuya política maestra frente a la crisis fue la preservación del empleo, respondió que no toleraría un solo despido y dictó la conciliación obligatoria con las uniones de obreros de la construcción y metalúrgicos. Techint utilizó esta situación para presionar al gobierno: si intercedía ante el presidente de Venezuela, teniente coronel Hugo Chávez, y éste indemnizaba la expropiada participación del grupo italiano en Siderúrgica del Orinoco (SIDOR), invertiría ese dinero en SIDERAR. El gobierno hizo la gestión, consiguió que los despidos se convirtieran en suspensiones rotativas, pagó parte de los sueldos con el programa REPRO y aceptó que la obra se reprogramara a más largo plazo, pero no que quedara paralizada, en cuyo caso estudiaría las condiciones jurídicas para una eventual expropiación. El gobierno cumplió su parte pero Techint no invirtió en ese proyecto los fondos pagados por Venezuela.
Palabra de PRO
La versión del Grupo Clarín sobre la resistencia de Techint a la designación de directores por la minoría estatal no coincide con la secuencia de los hechos, que aquí se reconstruye en base a diálogos con funcionarios del gobierno nacional y de la propia Techint. Clarín sostiene que Techint había propuesto la designación por consenso del economista Benny Kosacoff, a quien menciona como ex profesor del ministro de Economía, Amado Boudou, pero dice que la presidente CFK lo rechazó y en cambio dispuso el dictado del decreto 441, que incrementó la representación estatal en los directorios en forma proporcional a las tenencias accionarias, y designó a Axel Kicillof, que los italianos no aceptaron. Pero Kosacoff nunca fue profesor de Boudou, el ministro jamás llevó esa propuesta a Olivos y la crisis se desató mucho antes. En setiembre de 2010, el CEO de Clarín, Héctor Magnetto, dijo en un reportaje con el diario inglés Financial Times que el gobierno de Cristina “está entrando en una fase confiscatoria”. Y el de Techint, Paolo Rocca, pronunció en noviembre un discurso incendiario en la conferencia anal de la UIA y se retiró sin esperar a que llegara Cristina. Se opuso a cualquier distribución de ganancias y protección laboral y presionó por una nueva devaluación.
En sus comunicaciones internas la Organización Techint utiliza siglas para referirse a personas y entidades. Paolo Rocca es identificado como PRO. Durante la reunión anual para directivos y empleados, realizada a fines de noviembre de 2010 en el Hotel Sheraton, luego de la entrega de medallas a quienes cumplían 25 años de servicios, PRO se jactó de que Techint había instalado en tiempo récord en México un laminador de acero peregrino o continuo con el que apunta a fortalecer el pie que puso en Norteamérica con la adquisición hostil de la acería estadounidense Maverick. Un alto ejecutivo de Techint cuenta que los conflictos allí fueron enormes: “Se violaron reglas a nivel institucional, se llegó a accionistas por medios cuestionables, se quiso implementar la misma desregulación laboral que en 1997 se hizo al erigir SIDOR en Venezuela: donde a cada obrero despedido se le abonaron apenas mil dólares”. Igual que en la UIA, abogó por el cambio de paradigma económico productivo y se quejó por “los problemas de productividad que tiene el país”, o sea por los niveles de protección a la mano de obra en el actual contexto político. Dijo que la productividad laboral había crecido a una tasa anual del 4 por ciento y los salarios en dólares a un ritmo de 22 por ciento al año. Omitió cualquier referencia a la rentabilidad excepcional obtenida en esos mismos años y dijo que era “necesario actuar” sobre el tipo de cambio, los aranceles y la protección antidumping. También objetó el proyecto de ley reglamentaria del artículo 14 bis de la Constitución sobre la participación de los trabajadores en las ganancias de las empresas “con control de la producción y colaboración en la dirección”.
A París
Cristina tomó nota, buscó el destino más agradable para Aldo Ferrer y a pocos días de la reunión del Sheraton le ofreció la embajada en París. El Senado le dio el acuerdo el 15 de diciembre y Ferrer se reunió con el elegido para sucederlo, el macroeconomista Axel Kicillof, para transmitirle su experiencia como presidente del directorio de Techint. Pero en enero, cuando Amado Boudou transmitió el nombre del candidato a Techint, su operador político Luis Betnaza puso mala cara. Dijo que no podía tomar una decisión en ausencia del CEO de la compañía, Daniel Novegil, quien saltó a esa posición luego de dirigir la operación del grupo en Venezuela. Volvieron a reunirse en febrero, al regresar Novegil al país. Recién allí contraofertaron con el nombre de Kosacoff: sería otro “candidato de consenso”, como Ferrer, designado en la propuesta de la mayoría. Boudou nunca mencionó su nombre ante la presidente, porque sus instrucciones eran estrictas: dada la manifiesta hostilidad pública del holding, no era admisible repetir el procedimiento que derivó en la designación de Ferrer a propuesta de los Rocca. Recién este mes, cuando Betnaza y Novegil rechazaron el nombre de Kicillof. Clarín lo demonizó como camporista, La Nación como marxista. El 14 de abril Cristina firmó el decreto 441, que consagra el ejercicio pleno de los derechos que corresponden al accionista minoritario en defensa de sus intereses, que en este caso son los del sistema previsional. Techint no lo aceptó, la Comisión Nacional de Valores declaró ineficaz e irregular la asamblea de accionistas y ambas partes recurrieron a la Justicia. El Estado aduce que el decreto 441 tiene plena vigencia (aunque los abogados de empresas extranjeras reunidos en el Colegio de la calle Montevideo lo cuestionen) y que la antigua ley de sociedades impide en sus artículos 66 y 70 mantener una cuenta de resultados no asignados y exige una fundamentación precisa para constituir un fondo de reserva, ya que la razón de ser de la empresa privada para el inversor minoritario es la distribución de dividendos. En el caso de Siderar, esa cuenta ilegal supera los 1700 millones de dólares y la empresa sólo propuso distribuir 1500 millones de pesos.
Los hechos y el relato
Clarín también afirmó el viernes que el 11 de mayo, al reanudarse la asamblea de accionistas que pasó a cuarto intermedio, los directores de Siderar por el Programa de Propiedad Participada votarían a favor de la propuesta estatal. Sostuvo que para ello, el secretario general de la Unión Obrera Metalúrgica de San Nicolás, Naldo Brunelli, había puesto dos condiciones: que entre los directores estatales no hubiera ningún camporista y que la ANSES aprobara la distribución de dividendos propuesta por el holding itálico. Funcionarios del gobierno nacional que mantuvieron contacto con Brunelli y con el director por el PPP, Francisco Cudos, negaron que existieran tales condiciones. Cudos preside junto con el director suplente de Siderar, Cayetano Raúl Berterame, la sociedad anónima ISA (Inversora Siderúrgica Argentina), creada por Brunelli para manejar el paquete accionario de los obreros, muchos de los cuales le vendieron sus acciones. Oriundo de Concordia, Berterame integró durante los setenta los grupos universitarios de la derecha peronista y de los guardianes de hierro que, luego del asesinato del obispo Carlos Ponce de León, en 1977, apoyaron la erección del monumental templo a la Virgen del Rosario, que habría aparecido en la villa Pulmón o El Campito. En su biografía del cura obrero Jorge Galli, Rafael Restaino escribió que “se dejó de luchar por el prójimo como proponía el obispo y quienes seguían sus lineamientos, para esperar sólo la salvación rezando”. El periodista Carlos del Frade agrega en su trabajo “La Iglesia y la construcción de la impunidad” que “Somisa pasó a integrar el patrimonio del poderoso grupo Techint. Más de 8.000 despidos y 174 millones de dólares en indemnizaciones y retiros voluntarios sirvieron de anestesia para los obreros metalúrgicos. La secuencia de los hechos en San Nicolás es una síntesis de la historia social del país y de la región: sacerdotes comprometidos - movimiento obrero organizado - terrorismo de Estado - ajuste - milagros individuales - anestesia social - olvido y silencio promovido desde la jerarquía misma”.
Sindicalismo empresario
Durante un encuentro en la Casa de Gobierno, a la que acudieron junto con el miembro del secretariado nacional de la UOM e intendente kirchnerista de Quilmes, Francisco Gutiérrez, Brunelli y Cudos explicaron su voto junto con la empresa porque se trataba de aprobar su propia gestión en el directorio. Además Techint ha tenido la astucia de que también los hombres de la UOM dependan de su buena voluntad, ya que en un canje de acciones los dejaron por debajo del mínimo requerido para designar un director propio. El holding les planteó que si ingresaban los directores de la ANSES sería a expensas de los del PPP. Durante esa visita, Brunelli y Cudos se comprometieron a oponerse a la demanda judicial contra el decreto 441 y a apoyar el 11 de mayo la propuesta de la ANSES. “Sin condiciones”, dicen. Brunelli también se preocupó por negar que tenga una empresa que provee a Siderar de los sándwiches y las gaseosas del refrigerio. “Soy vegetariano”, bromeó. Uno de sus últimos negocios conocidos fue la construcción de un Anfiteatro para 15.000 personas con un crédito del Banco Mundial. En San Nicolás todos conocen la serie de empresas que creó para prestar distintos servicios a Siderar. Estas son algunas de esas muestras del sindicalismo empresario:
-Servicio de Emergencias Médicas (SEM), con treinta ambulancias en San Nicolas, Ramallo, Baradero, Mercedes y Rafaela.
- Caspor, empresa de operaciones portuarias que actúa en el puerto de Techint en San Nicolás y en el de Acindar, en Villa Constitución
- Jurafer, transporte de productos siderúrgicos con unos treinta camiones.
- Litoral bus, colectivos de media distancia que transportan operarios a las fábricas desde y hacia San Nicolas, Villa Constitución y Rosario.
- Loveraz, empresa de montajes industriales para Siderar, Siderca, Acindar y otras grandes empresas de la zona, donde trabajan alrededor de 500 obreros.
En tres semanas se sabrá si la versión más fiel sobre la posición de Brunelli es la del gobierno o la del Grupo Clarín.
PERFIL:
Oposición primaria
Por Nelson Castro
Mientras la “encuestología” sube las chances de Cristina, a pesar de su indefinición, los otros candidatos suman más dudas que certezas.
La Presidenta duda, pero su entorno la terminará de convencer de que no tiene otra opción que aceptar la candidatura”, se le escuchó decir en un despacho del Palacio de los Tribunales a un hombre de consulta de la jefa de Estado y de la ministra de Seguridad, Nilda Garré.
“¿Qué pasaría si la Dra. Cristina Fernández de Kirchner decidiera no presentarse a la reelección?” fue la pregunta que dejó casi sin respiración al presidente provisional del Senado, Dr. José Pampuro, quien tras un silencio que pareció eterno para todos los que los escuchaban en el reportaje radial que se le estaba haciendo en la primera mañana del miércoles pasado, respondió: “A esa hipótesis, prefiero ni siquiera imaginarla”.
“La candidatura de Cristina está fuera de toda discusión”, expresaba por otro lado, la voz de alguien que tiene despacho en la Casa Rosada, quien con un inocultable aire de triunfalismo agregaba que “en el Gabinete de la nueva gestión que se iniciará el 10 de diciembre de 2011, habrá varios lugares para integrantes de La Cámpora”.
La Presidenta, mientras tanto, juega astutamente al misterio. Sin embargo, en sus discursos, en los que abunda la ambigüedad, nunca ha dicho que no vaya a postularse. Más aún, todo parece estar encaminado a propiciar un operativo clamor destinado a revertir su eventual rechazo a la candidatura. Si las circunstancias fuesen ésas, ello la colocaría en la situación de eludir cualquier tipo de posible condicionamiento por parte de aquellas corrientes internas que pujan por reclamar cuotas mayores de poder en el universo del kirchnersimo, fuertemente impregnado de un verticalismo implacable. Hablando en términos futbolísticos, se diría que, hoy por hoy, la Dra. Fernández de Kirchner domina el partido a voluntad; su jefatura partidaria está fuera de discusión y, encima, casi a diario se beneficia de los comportamientos políticos de sus rivales, afectados por un estado confusional del que parecen no saber cómo salir.
Algunas de las encuestas confiables que no responden al oficialismo, las que hasta hace algunos meses mostraban que la Presidenta obtenía en la primera vuelta un triunfo que no le alcanzaba para evitar el ballottage, hoy exhiben otra realidad: la victoria en primera vuelta es una alternativa de probabilidad creciente.
En este contexto, nuevamente la salud le ha jugado a una mala pasada a la jefa de Estado, quien –tal como lo confesó en 2009– sufre de hipotensión arterial crónica. Se sabe que desde el fallecimiento de su esposo, ha tenido varios episodios de reagudización de esta afección. Dos de ellos se han conocido oficialmente debido a su severidad, la que la obligó a un reposo estricto. El último se desencadenó el martes 12 de abril, cuando se sintió mal y se constató que los valores de tensión arterial eran de 90/50 ( 9/ 5, en el lenguaje de la calle), lo que motivó la suspensión, entre sus tantas actividades, de una visita a México, decisión médica absolutamente acertada. El nuevo frente de batalla abierto por el Gobierno ahora se llama Techint. La determinación de ampliar la representación del Estado en las compañías que tienen fondos de la Anses es la consecuencia del enojo de la Presidenta con la estrategia de expansión en Brasil que tomó la empresa. En el kirchnerismo, el enojo es un elemento clave en el proceso de toma de decisiones. Por caso, recuérdese que la Ley de Medios fue el resultado del enfado de Néstor Kirchner con Clarín, y que la requisa del avión de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos fue consecuencia del disgusto de la Dra. Fernández de Kirchner con la decisión adoptada por Barack Obama de no pisar la Argentina en su gira por América latina. Lejos han quedado aquellos días de idilio entre Paolo Rocca y el matrimonio Kirchner. Una parte del empresariado debería también encarar un proceso de autocrítica acerca de su relacionamiento con el poder político.
Si en las arenas del oficialismo la holgura de la circunstancia que le otorga la “encuestología” da para jugar al misterio de la candidatura presidencial, en las de la oposición todo es confusión. La defunción del Peronismo Federal, causada por la bochornosa e inconclusa interna entre Eduardo Duhalde y Alberto Rodríguez Saá, lo ha dejado al ex presidente a la intemperie. “El Peronismo Federal ya fue; ahora hay que armar otra cosa”, reconoce un hombre del riñón de Duhalde. La “otra cosa” es la búsqueda de un acuerdo entre los distintos sectores de la oposición, lo que hoy se podría considerar como algo perteneciente a la esfera de lo casi milagroso. La búsqueda de esa unidad genera una ecuación paradójica: si no se unen no tienen chances de ganar; y si lo hacen, así como están las cosas, la victoria tampoco es segura. Cada semana aparece una disputa nueva. Además de la ya citada entre Duhalde y Rodríguez Saá, en la semana que pasó estuvieron los chispazos entre Fernando “Pino” Solanas y Claudio Lozano, en Proyecto Sur; Elisa Carrió se enojó con Ricardo Alfonsín, quien dijo que en un eventual gobierno suyo Alfonso Prat Gay podría ser el ministro de Economía; Margarita Stolbizer también se disgustó con el líder radical por sus negociaciones con Francisco de Narváez en la provincia de Buenos Aires, hecho que, a su vez, lo distancia a éste de Mauricio Macri, que está enojado con el radicalismo.
Si se confirma la decisión casi ya tomada por Pino Solanas de bajar su candidatura presidencial a fin de competir por la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, tal vez la consecuencia más significativa vaya a ser la determinación de Mauricio Macri de resignar su postulación presidencial para buscar la reelección a su cargo municipal. “Si perdemos en Buenos Aires, Mauricio deberá decirle adiós a la candidatura presidencial y el PRO quedaría casi sin futuro”, reconocía un conspicuo funcionario del Gobierno porteño.
Ante esta eventualidad, tanto en el entorno de Alfonsín como en el de Duhalde, creen que tras este proceso de decantación las candidaturas de más peso dentro de la oposición serán las de ellos dos. De ahí que se apuran reuniones tendientes a llegar a acuerdos de gobernabilidad sin los que ninguna gestión alternativa al kirchnerismo podría ser exitosa.
Eso es lo que marca la agenda de Duhalde para la semana que comienza. Alguien de su entorno dijo que se está frente a una verdadera lucha contrarreloj. En realidad, deberían darse cuenta de que la lucha es contra ese camino a ninguna parte que desde hace un largo tiempo viene desandando la oposición.
Operativo manos limpias
Por Alfredo Leuco
Hay señales de mayor transparencia en la cúspide del poder con el manejo de dinero negro. La disimulada contradicción con los tiempos de Néstor.
Será cierto que el gobierno de CFK ya no roba más? ¿Será verdad que la Presidenta ordenó tolerancia cero para los corruptos y que dio el ejemplo parándoles el carro a un par de empresarios que llevaron a Olivos una valija como en los tiempos de Néstor? Un ministro, un diputado de los más leales, dos propietarios de prósperas compañías y un periodista económico del diario La Nación coincidieron en afirmar que algo se cortó y que empezó una nueva etapa de mayor transparencia. Siempre es difícil probar la delincuencia de Estado. El lugar común dice que nadie da recibos por una coima. De la misma manera es difícil probar lo contrario. Pero hay indicios, datos políticos y algunos movimientos. Nadie dice que se terminaron los ladrones y los estafadores en el Ejecutivo. Hasta los gobiernos más honrados tuvieron algún cáncer que extirpar. Pero nuestra hipótesis de trabajo sospecha que la corrupción estructural, la que roba para la corona, la que sube los dólares por la cadena de mando, no tiene la aprobación de la máxima autoridad del Estado. Cuando PERFIL pidió evidencias que certificaran esto, cada uno de los consultados aportó algo que merece ser tenido en cuenta: 1) “Quiero tener compañeros y no cómplices”, fue la piedra angular del discurso presidencial que abrió las sesiones ordinarias del Congreso.
2) Julio De Vido, el ministro bautizado hace años como “el cajero” por la revista Noticias, cada vez está más lejos del corazón de las decisiones. Su perfil es bajo cero. Padece una enfermedad que merece más cuidados y Cristina nunca se lo bancó demasiado. La UIA dice que para abrir la puerta del despacho presidencial antes hay que pasar por Amado Boudou, algo impensado con Néstor. Sólo fue convocado de urgencia para sacar las papas del fuego cuando Hugo Moyano llamó a una movilización a la Plaza de Mayo. Hugo Chávez y Techint hablaban con Néstor o con Julio. Hoy esa relación la maneja el ministro más amado.
3) Ricardo Jaime se queja porque nadie le atiende el teléfono. El hombre que se enriqueció a la velocidad del sonido y que tenía acceso directo a Néstor tiene miedo de ir preso y de que eso ocurra antes de las elecciones. Sería una señal de que la lucha anticorrupción va en serio y el mejor spot de campaña electoral. Amargamente, De Vido y Jaime se resignan a esta nueva realidad y tienen nostalgias de cuando eran dueños y señores de las obras públicas y las licitaciones. Otro recaudador, Héctor Capaccioli, bebió de esa misma medicina. Su frase de cabecera es: murió Néstor y me procesaron.
4) Moyano tiene un problema similar. Zanola y Pedraza son los apellidos de sus pesadillas. Se lo comentó al jefe de un gremio chico de su riñón. Con cierta razón, dice que en menos de lo que canta un gallo la Justicia desestimó las acusaciones de enriquecimiento ilícito del matrimonio presidencial y que a él lo tienen en la morsa desde hace años, y que la cosa va para largo. Cuentan que envenenado de bronca casi prende el ventilador cuando se enteró de que la APE (Administración de Programas Especiales) va a ser modificada o directamente sepultada porque es una de las latas negras (1.100 millones por año) donde meten la mano los sindicalistas más poderosos. Algo similar a lo que hicieron con la Oncca, dinamitada para que no quedaran rastros ni huellas de subsidios y testaferros escandalosos.5) Aníbal Fernández sigue flotando, pero se quedó sin combustible el día que la Presidenta resolvió sacarle las dos cajas más grandes del Gobierno fuera de la obra pública: la pauta publicitaria, que fue a parar a Juan Manuel Abal Medina, y la Policía Federal, que pasó a manos de Nilda Garré. Los dos cuadros que militaron en el Frepaso tienen fama de honradez, aunque en el caso de la ministra se considera por lo menos una prebenda que le hayan otorgado en tiempos de Menem (!) un registro automotor. Ella inició una cruzada entre los comisarios y dijo con toda claridad que eran amigos de lo ajeno y que se llenaban los bolsillos con delitos aberrantes como la prostitución y la droga. El joven Juan Manuel encontró algunas cuestiones poco claras con ciertos empresarios de medios militantes que ponían la misma excusa: esto lo arreglamos con Néstor. Incomprobable. Eso explica algunas peleas públicas y subterráneas entre periodistas K. Aníbal perdió además a su compañero de truco José María Díaz Bancalari. Fue pasajero fetiche de Néstor en todos los viajes al exterior y el domingo pasado fue ejecutado mediáticamente por Horacio Verbitsky al acusarlo de haber sido el “nexo entre Duhalde y Patti”.
Con esto no pretendo decir que todos los funcionarios kirchneristas son o fueron indecentes. Desde el comienzo hubo gente con una ética inviolable: Gustavo Beliz, Horacio Rosatti, Sergio Acevedo, Jorge Taiana, Rafael Bielsa, Graciela Ocaña, por nombrar algunos que se fueron en distintas etapas. Incluso hoy nadie sospecha sobre la decencia de Guillermo Moreno o de los que mandan en la mesa chica, como Carlos Zannini, el nombrado Abal Medina o Verbitsky. Es más, ellos son el Estado Mayor en el que Cristina se apoya en esta batalla contra la plata negra que de paso es contra un sector importante del pejotismo que ella tanto desprecia. Hay una pregunta que pone en duda esta especulación sobre el fin de los manejos dinerarios. ¿Por qué los comunicadores de la camiseta partidaria no exhiben esta bandera limpia? La respuesta es que para alardear del cierre de la ventanilla de cohechos y retornos hay que reconocer que antes existía. Y antes, todo lo que pasaba por el universo K era ordenado o supervisado por “El”. ¿Quién en su sano juicio dentro del FpV es capaz de reconocer que a Néstor Vallecca, Aníbal F, Jaime y De Vido los designó Kirchner y que él manejó en persona la relación con los Moyano? Algo dijo el hijo del líder de la CGT cuando planteó que era muy distinto hablar con Cristina. Hay otra pregunta que, con sólo formularla, hace correr frío por la espalda del oficialismo. Si realmente la Presidenta es una santa y tiene las manos limpias, ¿qué hacía mientras su marido compraba 2 millones de dólares con información calificada, o adquiría a precio vil miles de metros en El Calafate que después vendió por millones, o colocaba los famosos fondos de Santa Cruz en el exterior sin exhibir hasta el día de hoy una sola boleta de depósito o un resumen de cuenta que describa la ruta del dinero? Hasta José Pablo Feinmann reconoció el viernes por radio que Néstor se ensuciaba las manos. Algunos por lo bajo dicen que Cristina es cada vez más Fernández y menos Kirchner. Si la Presidenta escuchara esto de un colaborador, lo pasaría a degüello. Porque significa endiosarla a cambio de satanizar a su compañero de toda la vida. Tomás Abraham, en estas páginas, afirmó que el Gobierno está reexaminando lo actuado por Kirchner. Algunos talibanes quieren levantarle un altar a Cristina con un juego de palabras: no roba pero hace.
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